Roger Federer y un paseo que pudo salirle muy caro

Corría el año 2016 y Roger Federer trabajaba duro en la recuperación de su rodilla y se acercaba la hora de volver a entrenar dentro de una cancha. Pero antes, realizó un paseo con su familia por sugerencia de su padre Robert y que fue una prueba de fuego para ver cómo respondía su cuerpo. Y no son pocos los que consideran que fue una maniobra de riesgo innecesario.

“No fue muy prudente lo de Robert… Propuso una caminata por las montañas que parecía bastante sencilla. Primero en tren y luego a pie hasta una hostería espectacular al borde de una pared vertical de piedra y con una vista espectacular; luego un descenso hasta el lago Alpsee y el regreso al punto de partida. Pero de sencillo, el paseo no tenía nada, había que descender desde 800 metros de altura“.

 

“Fueron seis horas de descenso”, recuerda Federer. “No fue precisamente inteligente, pero fue la prueba definitiva para mi rodilla. Todos, incluyendo a Mirka y mis hijas, tenían calambres al día siguiente, pero yo estaba bien. Si sobreviví a eso, pensé, mi rodilla ya no podía estar mal”.

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