Carlos Moyá devela el momento clave en el que decidieron cambiar el saque de Rafa Nadal

“Es el momento de intentar cambiar el saque”.

Hace poco que Rafael Nadal se ha tenido que retirar lesionado en la rodilla derecha de su partido de semifinales del Abierto de los Estados Unidos de 2018 que le enfrenta a Juan Martín del Potro. El español está en Mallorca, apurando los plazos de su recuperación, tratando de estar listo para asaltar la última parte del año en el ATP Masters 1000 de París-Bercy y las Nitto ATP Finals tras verse obligado a renunciar a la gira asiática. Y es ahí, en ese momento, cuando se atreve a plantear una idea arriesgada que ha resultado ser un éxito: modificar su mecánica de saque.

“Me acuerdo perfectamente”, explica Carlos Moyà, entrenador del No. 2 del mundo, a ATPTour.com. “Cuando se lesiona con del Potro, que tenemos un par de meses para ver si llegamos a final de año o no, me dijo que era momento de intentar cambiar el saque, de hacer pruebas. Nos pusimos a trabajar con Francis Roig para ver qué variaciones podíamos hacer, y que fuera cómodo para Rafa”, prosigue el técnico balear. “Vinimos a París y no pudo jugar porque tuvo que operarse, pero en aquí iba a sacar así”, añade. “Al no jugar, tuvimos más tiempo para poder prepararlo y lo estrenó en Australia”.

En el pasado Abierto de Australia, donde cayó en la final con Novak Djokovic, Nadal exhibió un nuevo servicio construido sobre tres pilares: llevar la mano más rato por abajo al empezar a ejecutar el swing, reducir la flexión al lanzar la pelota al aire, aguantando mucho más el cuerpo arriba para no perder dinamismo, y entrar con la pierna derecha dentro de la pista al caer.

Ese saque, pensado para hacer más daño y conseguir que su bola fuese más rápida, le permitió plantarse en el partido por el título sin ceder un set, y exhibiendo una de las versiones más agresivas de la carrera del jugador. No es ningún secreto, claro que intentar dominar desde la primera bola es mucho más fácil si el servicio te deja en una posición ventajosa. Así, Nadal arrolló a todos los rivales que se le pusieron por delante reduciendo el desgaste (mayor agresividad, menor tiempo en pista) y se plantó en la final de paliza en paliza. Allí, el español perdió contra Djokovic, pero se marchó con la sensación de haber hecho bien muchas cosas.

Llegó entonces la lesión en los cuartos de final del BNP Paribas Open durante el partido que jugaba contra Karen Khachanov (otra vez la rodilla). Llegó la retirada antes de saltar a competir en semifinales contra Roger Federer. Y llegó una de las mayores crisis de confianza y juego de su carrera, que coincidió con la gira de tierra batida europea y le obligó a recuperar su viejo servicio para comenzar a salir del agujero poco a poco.

“Para jugar en tierra lo cambié un poco porque necesitaba volver a mis raíces en ese sentido, buscar mi comodidad para poder encarar mi juego de manera natural sobre arcilla, pero cuando terminó la tierra volví a sacar como antes”, detalla Nadal. “Es una de las mejoras más importantes que he hecho este año sin ninguna duda”, continúa el tenista. “Creo que jugué un buen US Open, especialmente la final, pero jugando a ese nivel desde el fondo de la pista, y con el saque de hace seis años, no creo que hubiese ganado. Lo gané porque jugué a un nivel alto, pero ese nivel alto en gran parte vino del saque también”.

Que Nadal crea que sin la nueva mecánica de saque no habría ganado el pasado US Open es lo suficientemente importante como para pensar que se trata de la gran evolución de su tenis en los últimos tiempos.

“Es que el saque se está convirtiendo en un arma”, coincide Moyà. “Con este servicio se le abren muchas más opciones. Intentamos que su juego al saque sea muy difícil de romper, y manejamos información que así lo atestigua. Queremos que los juegos de servicio sean un búnker”, insiste. “¿Por qué? Porque estamos hablando de un buen restador. Si su saque es complicado de romper, le da más desparpajo al resto”, asegura el entrenador del campeón de 19 grandes. “Era un cambio de mentalidad, pero sobre era algo técnico. Siempre le hablamos de ser más agresivo, de intentar jugar más metido, pero un buen saque le facilita las cosas para lograrlo”.

Nadal ha logrado aumentar el porcentaje con el primer saque, disparando una pelota que penetra más, y ha elevado la velocidad en el segundo en unos 20km/h de media. Todo eso le ha reportado un puñado de beneficios, entre ellos la tranquilidad de no jugar con la soga al cuello. El ejemplo está en París: camino de las semifinales, Nadal no ha perdido ni una sola vez su servicio (ha salvado las 2 pelotas de break a las que se ha enfrentado).

“Ahora mismo está sacando como en Australia, casi igual”, desvela Moyà. “Estoy jugando un poco diferente, con una mentalidad un poco más agresiva gracias a que estoy muy apoyado en el saque, con el que he dado un salto de calidad este año”, le sigue Nadal. “El servicio bajo techo siempre tiene un gran impacto, pero este año además es que la pista de París está muy rápida”, subraya el tenistal. “Obviamente, eso hace que el saque se convierta en un componente básico del juego. En este torneo se trata de estar sólido con el servicio, aguantar cuando los rivales aprietan e intentar aprovechar las oportunidades”, asegura. “Si te muestras débil con el saque le das mucha confianza al rival”.

Dinamita para el campeón.

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