Hugo Dellien: De la fabrica de hielo familiar al top 100 en apenas 3 años

“¿En qué año fue que me retiré?”. La pregunta retórica no pertenece a un tenista jubilado sino a uno de apenas 26 años y en la cúspide de su carrera en el ATP Tour. Pertenece al mejor boliviano del Ranking ATP en 35 años, y se la formuló a sí mismo en esta entrevista con ATPTour.com justo cuando indagamos sobre esa época triste de su vida en que decidió renunciar al tenis profesional. “¿En qué año fue que me retiré?”, repitió, intentando recordar la fecha exacta. “Diciembre de 2016”, respondió después de una corta pausa, aliviado de haber salido ileso de los laberintos del olvido.

Ya son tres años desde que Hugo Dellien reunió a sus padres en su casa en Trinidad y les notificó la decisión de retirarse ante la falta de apoyo económico. “Se pusieron muy mal. Habían invertido mucho dinero en mí, habían hecho muchos sacrificios. Y de repente veían que a su hijo se le apagaba la ilusión, se le volvía inalcanzable el sueño. Para mí fue muy fuerte verlos así. Lloré junto a ellos”, recuerda el actual No. 75 del mundo. “Luego decidimos invertir el dinero que había ahorrado como tenista, y creamos una fábrica de hielo que unimos a la que mis papás ya tenían dedicada a la venta de agua en cisterna”.

Dellien, que había estado viviendo en Argentina desde los 14 años, debió regresar a su país de origen, y depender de nuevo de sus padres porque un día se acabó el dinero en su cuenta bancaria. Su vida, sin embargo, ha cambiado sustancialmente desde entonces, gracias a la fortaleza que encontró para darse una segunda oportunidad en el tenis y gracias a los resultados progresivos. En 2019, año en que obtuvo sus primeras dos victorias a nivel de Grand Slam, ganó casi el 67% del dinero que ha facturado hasta ahora en toda su carrera en el ATP Tour.

Ahora recuerda con gratitud esa época de escasez porque fortaleció su carácter y le enseñó a valorar cualquier suma de dinero sin permitirle determinar su felicidad. “Ahora tengo más comodidades, como la de poder tener mi propio equipo de trabajo. Pero por dentro yo sigo siendo igual”, dijo en medio de su pretemporada en Buenos Aires, donde se prepara para empezar 2020 en el ATP 250 de Auckland y luego en el Abierto de Australia, donde debutará en el cuadro principal. Hace tres años habría sido imposible imaginar este presente. Hace tres años, su vida de tenista se conjugaba en pasado.

¿Imagina que no se hubiera arriesgado a regresar al mundo del tenis?
Todo pasa por algo. A los meses de retirarme me di cuenta de que tenía que volver a darlo todo. Primero porque una vez de regreso en mi país supe que le había devuelto la ilusión a muchos niños, algo que no veía viviendo en Argentina. Además, muchos entrenadores que siempre confiaron en mí, me decían que tenía que volver. Entonces sentí que debía hacer todo lo que estaba en mis manos para llegar al máximo.

¿Por qué en principio decidió retirarse?
Por falta de dinero, estaba cansado ya de lucharla. El momento más duro fue cuando estaba empezando la pretemporada de 2016 en Buenos Aires. Una persona importante del ámbito del deporte en Bolivia me llamó a decirme que me quería apoyar. Que para eso debía viajar y firmar. Dije que si era 100% seguro, yo iba porque no tenía plata para devolverme. Me aseguraron que era así. Entonces vuelvo a mi país y cuando llega la hora de pedir el pasaje para volver a la pretemporada, me dicen que ya no pueden ayudarme. Pensé: ‘No más. No puedo seguir mendigando’.

¿Y ahora cómo es su relación con el dinero, tres años después de no tener nada?
Siempre ha sido igual. Mi familia era de mucho dinero al principio, y por distintas cosas pasamos a estar muy apretados, a estar bastante mal. Eso hizo que yo me dé cuenta que debía ser feliz con o sin dinero. La felicidad es la familia, tener personas queridas a tu alrededor. Y poder compartir el dinero con ellos. Así que yo sigo siendo igual, poniendo el dinero en segunda plana, estando pendiente de mi seres queridos, también de la fábrica de hielo ‘Cantarito’, en Trinidad.

¿Cómo cambia la preparación ahora teniendo más comodidades?
Estar dentro de los 100 mejores hizo que me apoyaran económicamente. Y eso te permite elegir tu equipo, añadir más piezas a él y que sea personalizado. Después, el entrenamiento tiene que ser igual más allá de que estés o no dentro del Top-100. Tienes que seguir exigiéndote al máximo.

¿Por qué logró terminar en el Top-100 en el Ranking ATP de fin de año?
Yo sabía que tenísticamente tenía el nivel para estar. Pero tenía dudas en cuanto a lo mental y físico. En 2019 estuve muy fuerte en las tres cosas, bien de cabeza y preparado físicamente. Fue el mejor año de mi carrera. Mi objetivo para el próximo año sería mantener ese nivel por mucho más tiempo. La consistencia va a ser fundamental para 2020.

¿En qué momento se dio cuenta de que pertenecía a esta élite?
En Madrid. Incluso me sorprendí un poquito de mí mismo. Fue mi primer ATP Masters 1000 después de pasar la ‘Qualy’, y le gané por 1ª vez a un Top-30 (Gilles Simon). Eso me hizo dar cuenta de que estaba para jugar contra esa clase de jugadores que no te dan chances de bajar el ritmo. Si en 2020 me acostumbro a mantener esa intensidad por más semanas seguidas, confío en que daré un salto más.

¿Ahora lo tratan diferente por estar dentro del Top-100?
Te conocen más. En los aeropuertos de mi país, por ejemplo. Mis redes sociales también subieron mucho. Pero no le doy mucha importancia a eso.

Al poder clasificar a los más grandes eventos en 2019, ¿lo sorprendió en algún momento compartir vestuarios con tenistas que creció admirando?
Ya me había sorprendido al verlos en mi época de juniors. Los jugadores del Big-4, por ejemplo, eran unos dioses para mí. Yo entrené con Rafa en Roland Garros cuando tenía 17 años. No lo podía creer. Y a Roger me lo presentaron en el US Open del mismo año, yo era un admirador más. Pero va pasando el tiempo y se te hacen más cotidianos, no tan dioses, en el buen sentido. Eso sí, los sigo viendo como ejemplos. Rafa y Roger son los únicos que me generan algo distinto al verlos, como un positivismo especial.

Seguramente así lo ven los niños bolivianos que buscan seguir sus pasos…
Desde que empecé a ser noticia en mi país, me di cuenta de que tengo otra tarea que es impulsar el deporte en mi país, masificar el tenis en Bolivia e inspirar a miles de chicos. Tengo la responsabilidad de decirles que más allá de la situación que viva cada uno, se puede lograr. Depende de los sueños, la perseverancia y el profesionalismo de cada uno.

En 2020 empezará impactando aún más, convirtiéndose en el primer boliviano en participar en el Abierto de Australia…
Sí, vamos para allá. Va a ser una bonita experiencia. Con Australia tenemos una historia pendiente. Nunca fui en juniors, y las veces que clasifiqué no pude ir. La primera vez porque me lesioné de la muñeca. Y el año pasado, me casé, entonces no dieron los tiempos. Va a ser muy lindo.

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