“Bueno, ya sabes cómo es esto: tenés que pagarme o no jugas más”

El caso de Raúl Pérez Roldán sigue sumando testimonios con respecto a las acusaciones de agresión que confesó su hijo Guillermo, hoy radicado en Chile, en una entrevista brindada a La Nación.

Quien aportó hoy su vivencia fue Luis Moreschi, hoy radicado en Mendoza pero que formó parte de una buena camada de juveniles donde compartió mucho tiempo con, por ejempo, Machi González. Moreschi escribió una carta pública en su Facebook y en la misma relató detalles de lo vivido, recordando momentos muy duros de la convencivencia con Pérez Roldán padre.

“Hoy vi dos notas que les hicieron a dos grandes tenistas de Tandil y del país en las cuales pude verme reflejado con respecto a lo vivido por esas personas, sobre el ex entrenador Raúl Pérez Roldán y pensé que sería bueno reafirmarlo ya que ha pasado mucho tiempo y quizás es bueno sacar esas experiencias vividas que me marcaron, a tal punto que hoy con 34 años las sueño y es como seguir viviendo esos momentos.

Creo que Guillermo [Pérez Roldán] y Mariano [Zabaleta] no exageran en nada de lo que dicen, es muy cierto que Raúl como entrenador fue un fuera de serie y doy fe, porque me entrenó 3 años prácticamente junto a Machi González. También era uno de mis sponsors junto a dos personas más (diez sobre diez), no terminaba el entrenamiento del día si no salía bien.

Me acuerdo que veía muchos videos de Guillermo Pérez Roldán al cual tenía como ídolo pero eso de ídolo no venía de ahí, venía porque estuvo dos años antes en Mendoza trabajando y ayudó a David Pia (mi entrenador en ese momento) en mi etapa formativa, la cual me dio muchas satisfacciones con el tiempo. Luego Guillermo se fue de Mendoza y es allí donde Raúl se interesó en mí. Muchas veces me preguntan: ‘¿Qué pasó que no llegaste?’. Y si hay algo que resalto es que Raúl hizo en parte que odiara competir porque en los entrenamientos no había problemas; el problema venía cuando competías en torneos. Era tanta la presión de él, tener que ganar, que muchas veces perdí jugando muy bien y te defenestraba diciendo cosas horribles, que no me movía y demás cosas. Después de tres años de esos tratos al tenis lo odiás, pasás a poner por delante el resultado antes que la consecuencia cuando primero es la consecuencia y depende de eso viene el resultado.

A los 17 años en el quinto de los trece torneos ATP que jugué en mi vida, saqué mi primer y único punto. Al día siguiente perdí contra un francés en dos set muy duros [en 2004, en el Future de Chieti, Italia; venció al local Mauro Commisso y perdió con el galo Cyril Baudin] y jamás me voy a olvidar que me basureó porque dijo que había tirado el partido, cuando yo me acuerdo que corría todas. Me dijo: ‘Anda a cobrar y tráeme la plata’.

[Con Raúl] Tenía un contrato firmado por siete años en el cual tenía que pagar 100 mil dólares por año que quedara para desvincularme. O sea, cuatro años más (imposible) o que alguien comprara el contrato, como le pasó a mi amigo Machi González con un francés o en éste caso a Mariano Zabaleta, que por haber sido el mejor junior tenía contrato con sponsors muy buenos, como lo cuenta él y esos pusieron el dinero para romper el contrato. En mi caso yo no corrí con esa suerte y después de dos días que fueron un infierno en Italia decidí hablar y decirle que no quería verlo más, que no quería seguir con él. Me acuerdo que me dijo: ‘Bueno, ya sabes cómo es esto: tenés que pagarme o no jugas más’.

‘Escribí que te voy a dictar: no deseo jugar más al tenis porque no me gusta. Extraño a mi familia. Nada me motiva a seguir entrenando’. ¡Así! Muchas cosas más. Para agarrarse y mostrar eso a los abogados, sponsor y tener una prueba, como diciendo este pibe no sé qué le pasó, pero me dijo bla bla bla (el que me conoce sabe bien los esfuerzos y lo que me gustaba jugar y competir, pero con él era todo tan feo).

Me acuerdo que jamás tuve tanto estado físico como cuando entrené con Marcos Pizzorno en Tandil. Era de no creer, pero me acalambraba cuando estaba Raúl en la cancha. Por supuesto era (miedo).

Resulta que luego en Mendoza, los años siguientes que jugué torneos locales con muchos menos entrenados, jamás me acalambré así que imaginate hasta dónde puede llegar la influencia de una persona.

Escribí todo eso para irme, no quería verlo más a él, por eso veo la nota de Mariano y de Guillermo y nada de lo que dicen me extraña, porque pasaba eso.

Esto que cuento es muy breve. Tengo para rato pero al menos es una pequeña enseñanza de vida para aquellos que quieran ser jugadores o entrenadores de chicos con posibilidades de crecer en este tan bello deporte (creo que es más valioso formar hombres de bien y que se acuerden de sus formadores con una gran sonrisa).

Hoy en día tengo una familia con 6 hijos que amo y una mujer divina y especial, a mis padres sanos que siempre me apoyaron. A mis hermanos unidos, trabajo con el tenis y hago muchas cosas más que me gustan pero sobre todas las cosas soy un hombre feliz y no me arrepiento de esa decisión que tomé en Italia hace 14 años.

Aprendí, sigo aprendiendo y puedo transmitirlo.

¡Gracias a la vida!”

Trancripción de la carta: Sebastián Torok para La Nación

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