La conmovedora historia de vida de Thiago Monteiro

Luego de Gustavo Kuerten, fue muy duro para los tenistas brasileños meterse en la élite del tenis sin ser comparados con “Guga”. Varios lograron buenos sucesos pero siempre parecía poco por lo que logró el ex número uno del mundo.

Una de esas historias es la de Thiago Monteiro, el aguerrido tenista que este año se lució en el ATP de Buenos Aires derrotando al croata Borna Coric. El jugador entrenado por Fabián Blengino disfruta de haber llegado a los grandes torneos, en especial por su dura historia de vida que contó en “Behind The Raquets” y que reproduce Punto de Break .

“Soy adoptado. Cuando nací, mi madre se estaba recuperando de un cáncer de mama, pero quería adoptar porque pensaba pensó que yo podría llegar a ser una estrella brillante en su vida. Se lo debo todo a ella”.

“Nunca quise conocer a mis padres biológicos, no lo vi necesario. Mi madre fue quien me crió y nada puede cambiar eso. También soy uno de los primeros jugadores de alto nivel procedentes del norte de Brasil. Vengo de una familia humilde, no pobre, pero tampoco rica. Crecí con mi madre, mi hermano y mis tres hermanas. Nunca conocí a mi padre, ya que mis padres estaban separados, así que no tenemos contacto con él”.

“Al crecer jugaba al tenis y al fútbol. A los 14 años me fui de casa para entrenar a una Academia que estaba a tres horas y media de vuelo desde mi ciudad natal, en el sur de Brasil. Viví allí durante cinco años mientras el tenis pasaba de ser mi hobby a una rutina profesional. Nadie en mi ciudad creía que podía llegar a la cima, pero mi hermano mayor me apoyó mucho durante mi carrera. Recuerdo cómo me llevaba a jugar torneos juniors a distancias de más de diez horas en coche”.

“En 2015 tuve un punto de partido para superar la Qualy en un Challenger en Eslovaquia. Estaba 9-8 en el tiebreak del tercer set, a un punto de lograr el pase al cuadro final. Corrí a por la bola cuando, de repente, escuché un crujido. El juez de silla detuvo el partido y llamó a una ambulancia. No podía moverme. Fui al hospital y al día siguiente tuve que regresar a Brasil, donde me dijeron que me había roto el ligamento anterior cruzado. Algunos médicos me dijeron que no necesitaba cirugía, pero otros me decían que sí porque querían ganar más dinero. Eso sí: si me operaba, existía la posibilidad de que nunca más pudiera volver a jugar”.

“Estuve cuatro meses sin jugar partidos mientras me recuperaba. Perdí todo mi tenis, lo único que sabía hacer. Por primera vez no tenía ni idea de lo que me iba a pasar”.

“Pero seguía yendo a mi Academia para verlos a todos entrenar. Cuando por fin volví a la cancha todo fue positivo, incluso mejoré como tenista. Al año siguiente tuve la mejor temporada de mi carrera. Ahora es mi deber devolverle a mi familia todo lo que me dio. Seguimos sin ser ricos, todavía necesitamos dinero para pagar facturas y poner comida sobre la mesa, pero al fin tenemos buenas condiciones para vivir”.

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