La divertida anécdota del primer encuentro entre Rafa Nadal y Carlos Moya

“Oye, Rafa, este es mi sitio”. Fue una simpática anécdota para abrir el capítulo de enfrentamientos en el FedEx ATP Head2Head entre Carlos Moyà, entonces No. 4 del Ranking ATP, y un imberbe Rafael Nadal, que a sus 16 años ocupaba el No. 87 del mundo. El manacorense, que había saltado en primer lugar a la pista, ocupó la silla reservada para su rival aquel día en el German Tennis Championships presented by Kampmann en Hamburgo en 2003.

Así lo explica el que fuese No. 1 del mundo en 1999: “En esos momentos se ponía el nombre del jugador en el banquillo. Él entró primero y se fue a sentar en el mío. No se dio cuenta. Luego entré yo y le dije: Rafa, este es mi sitio. Y se fue al suyo. Fue una anécdota simpática”, recuerda aún con una sonrisa sobre aquel capítulo en declaraciones a la Rafa Nadal Academy by Movistar.

Probablemente los nervios de enfrentarse a uno de los jugadores que había admirado durante su infancia le impidieron darse cuenta a Nadal del detalle, que lejos de conformarse con sentarse donde no le correspondía también se llevó las toallas reservadas para su rival. De inmediato, regresó para devolver lo que no era suyo.

“No fue lo único que me quitó ese día, también la victoria”, continúa su relato el mallorquín. “En esos momentos yo era favorito, porque estaba entre los cinco mejores del mundo y él no recuerdo muy bien su ranking, pero no era acorde con su nivel. Era un chaval que ya había ganado a Albert Costa en Montecarlo, que prometía y se vislumbraban esos destellos de lo que sería él luego”.

Moyà sabía bien a lo que se enfrentaba aquel miércoles 14 de mayo de 2003. No sólo por haber disputado varias finales unas semanas antes en el ATP Challenger Tour, haber derrotado al último campeón de Roland Garros y No. 7 del mundo Albert Costa en Montecarlo o haber puesto en serios aprietos a Álex Corretjà en el Barcelona Open Banc Sabadell. También porque eran compañeros de entrenamientos y ya había empezado a fraguarse su estrecha amistad.

“No fue mi mejor partido sinceramente”, asegura. “Y él creo que tampoco jugó a un gran nivel. Los dos estábamos un poco nerviosos por la situación. Yo, por ser el favorito y jugar con un chaval diez años menor, sabiendo que podía pasar lo que pasó, y a él jugar conmigo le daba respeto”.

Y ese respeto se trasladó a la pista. Las enérgicas celebraciones que distinguían entonces al de Manacor desaparecieron en aquel encuentro. Ni un solo gesto de más. Tanto que incluso al final del partido llegó a pedir perdón a aquel jugador al que tanto admiraba. “Al ganarme él estaba muy tímido, muy nervioso y me dijo: “Lo siento por ganarte”.

“También entendí que fue la primera de las muchas veces que me iba a ganar”, confiesa sobre un cara a cara que terminó 6-2 para Nadal. “Ya le conocía y sabía que iba a ser un gran jugador. Me demostró ahí que tenía lo que hay que tener para ganar a un jugador que estaba entre los diez primeros y ha cumplido de sobra todo lo que prometió en esos momentos”.

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