La confesión de Franco Davin: “Sentí que me moría”

Hace unas semanas, se conoció la noticia acerca de que Franco Davin, el entrenador argentino radicado en Miami, había dado positivo de Coronavirus. Poco se supo en su momento del estado de salud del nacido en Pehuajó, pero ahora se conocen más detalles gracias a recientes declaraciones brindadas a La Nación .

“A fines de junio venía trabajando mucho en la cancha, durante muchas horas; en esta época en Miami hace calor. Y un día empecé a sentir la sensación de estar insolado. Pensé: ‘Voy a tener que parar un día, salir del calor’ . Justo tengo un día que tenía que hacer algo afuera de la cancha y lo tomé como una jornada sin tanto sol. Al otro día hice el trabajo normal y empecé a sentirme cansado. Esa tarde me quedé en casa y al otro día a la mañana me hice el test. Eso fue el jueves 25. Me sentí muy mal, como si tuviera una gripe fuerte, con ese dolor de cuerpo, que ya no te querés levantar. El test, normalmente, acá te lo dan a las 48 o 72 horas y justo coincidió con el fin de semana. Entonces estuve desde el jueves hasta el lunes sin el resultado. Pero me daba la sensación de que podía ser una gripe”.

“Me daba la sensación de que Miami podía ser parecido a Nueva York [en cuanto a cantidad de contagiados], porque es un lugar en el que pasa mucha gente. Pero no pasó. Después se empezó a abrir, a jugarse al tenis y a hacer vida normal. Yo trabajo con muchos chicos de 18, 20, 22 años, que aparentemente son los asintomáticos y los que están trasladando el virus. En el momento que me fui a hacer el test llamé a todas las personas con las que había estado y ninguno tuvo síntomas ni el virus. Por eso también me dio la sensación de que no lo tenía. Pero ese fin de semana empecé a sentir pérdida del gusto y olfato. Ahí ya me estaba sintiendo un poco mejor físicamente, pero al cuarto o quinto día me empezó la tos y la falta de aire. Eso es lo peor. En mí situación fue lo que más me desesperaba porque lees todo lo que pasa. Tengo amigos italianos que me decían una cosa, los españoles me decían otra. Me vino muy bien tener el medidor de saturación de oxígeno. El médico me decía que me controlara, porque si saturaba menos de lo indicado me tenía que ir al hospital”.

“Automáticamente a los chicos los aislamos y me quedé con Mariana, mi mujer. Ella pasándome por la puerta la comida y teniendo los cuidados. El peor momento fue el de la falta de aire, porque no sabés hasta dónde llega. Estaba al límite con el número del saturador. A la noche te empezás a desesperar un poco. La vi fea, la pasé mal y sentís que te morís, que falta… Vas leyendo lo de los días y es tal cual. También tengo un amigo que es médico, Miguel Castellán, y hablaba con él. Era difícil porque yo no estaba tomando nada, entonces no sabés si estás haciendo bien o no. Hay muchas opiniones diferentes”.

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