“Siempre supe que Puerta me mintió”

En la brillante investigación que realizó  Sebastián Torok para La Nacion sobre la confesión de Mariano Puerta, quien reconoció que mintió ante los tribunales para que le bajen la condena por doping positivo en Roland Garros 2005, también dio su opinión Andrés Schneiter, uno de los mejores entrenadores latinoamericanos en el circuito ATP y que en aquél momento daba sus primeros pasos como coach.

El rubio cordobés no se guardó nada y demostró que siempre tuvo clara la situación.

“Cuando en una entrevista con LA NACION [NdR: en diciembre de 2005] dije que lo del vaso parecía una película de ciencia ficción, me llamó Quique Estevanez para decirme que me iba a mandar a la policía, que me iba a hacer un juicio. Sabía que mentía. Está bueno que lo dice. En su momento sonaba convencido de que había sido eso de ‘fui un segundo al vestuario, mi mujer tenía un problema de menstruación, volví, tomé en el vaso, quedó residuo en el agua’. Guau. Era de película total. ¿No dijo que tomó?”.

“Yo era el consciente y él era muy relajado con eso; yo tenía un atrape de locos. Pasaron dos cosas raras que se me escaparon de las manos. En los torneos no estaba Lecman con nosotros y Darío tiene su historial de haber tenido quilombos. Mariano, cuando ganó las semifinales [NdR: en París, ante el ruso Nikolay Davydenko], como regalo lo invitó a Darío a que viniera. Yo, desde que llegó Darío a París, hubo cositas que se me escaparon, porque ellos estuvieron mucho tiempo solos y ya no te puedo decir. En ese momento no lo tuve más conmigo. En el partido con Davydenko, Mariano tiene un desgarro en la pierna de dos milímetros, y yo no sé si hubo algo que le haya dado uno al otro. Mariano tomaba una pastilla, durante todo el año, de cafeína con ginseng que la usábamos para activarnos, media hora antes de los partidos. Es verdad que se la hacía un laboratorio. No es que la compraba en un GNC, no. Pero la tomaba todo el año. De hecho, cuando jugó con Nadal en Acapulco, fue de noche, eran las cuatro de la mañana y Mariano seguía despierto; no se podía dormir. Si él estaba un cachito abajo, la tomaba. Yo lo entrenaba a Squillari y él tomaba la misma. Estaba habilitada. Mariano había recibido cinco controles antes de Roland Garros. ¿Por qué dio positivo en la final? Esa es la parte que no me cierra por nada del mundo. No sé”.

“Yo le pregunté. Y me dijo que no sabía. Yo corté con él después de Cincinnati. Volvimos al país. Me deja un sábado a la mañana y me llama el domingo a la noche para que vaya al departamento de él, que le había dado doping. Fue una semana antes del US Open”.

“Yo supe que me mintió. Después, no sé qué decir, porque no se me escapaba nada. Lo único que se me escapó fue que Lecman llegó un día antes de la final y los perdí un poco ese día. No pongo ni una uña en el fuego por ninguno de los dos. Ni una uña. De mi lado, puedo decirte que no tomaba nada. Estaba detrás de todo lo que podía y nunca había habido ningún problema. De hecho, el año anterior viajé dos meses con una balanza, para que bajara de peso. Me volví loco para que creyera en jugar al tenis, que se animara. Porque era un gordo que estaba tirado. Después logró eso, de la nada me dejaron, de la nada dio doping, de la nada hubo un montón de cosas que pasaron, a mí no me pagó. Hoy no tengo relación con él. Me dolieron dos cosas: él era íntimo mío. Guillermo Pérez Roldán era amigo mío también y yo veía que por atrás fue tremendo todo lo que hizo para quedarse con Mariano. Me quedé muy enojado con él y con Pérez Roldán, con quien no hablé más tampoco porque era mi amigo y veía los mails que le mandaba a Mariano, que me los mostró, donde le pedía volver a entrenarlo. Todo después de Roland Garros. Esto es así: cuando los agarrás en una posición mala nadie quiere laburar; después cuando son buenos, sí”.

“Hablé con Lecman. Es otro con el que no me hablo más. Sentí que no fueron leales a un montón de cosas. No le he creído. Ellos se dijeron de todo, se echaron la culpa uno al otro y a los dos años, cuando Puerta volvió a jugar, estaban juntos. Entonces, ¿vos qué pensás? Parecía un acuerdo entre ellos de algo que nunca entendí. Yo puedo asegurar que me dejaron afuera de esa movida. Y puedo asegurar por mis hijos que no le di nada a Puerta”.

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