Rafa Nadal y el recuerdo de una final histórica en el M1000 de Montreal

La temporada 2005 fue una carta de presentación absoluta para Rafael Nadal. Después de ganar sus primeros ATP Masters 1000, levantar su primer Grand Slam, apilando un balance de 36-1 sobre arcilla, el español se presentó en la Coupe Rogers de Montreal con una opción clara: conquistar el primer título ATP Tour sobre superficie dura de su carrera.

Con apenas, 19 años Nadal se había encaramado al No. 2 del FedEx ATP Rankings, anticipando el relevo que estaba dispuesto a encarnar en la cima del tenis masculino. El español, que, logró abrirse paso hasta el partido decisivo de Montreal cediendo apenas una manga. Allí le esperaba nada menos que Andre Agassi, un referente durante sus años de infancia al que ahora iba a conocer sobre la pista.

Que la hora de Nadal llegaba al circuito iba siendo un síntoma cada vez más claro. Con 24 victorias consecutivas, logradas todas sobre tierra batida esa misma temporada, el balear había arrebatado al de Las Vegas la racha más larga para un hombre menor de 20 años en la Era Abierta. Y nada le iba a hacer frenar en su camino.

En una final interrumpida por la lluvia, marcada por la velocidad de piernas de dos tremendos restadores, el español se impuso por 6-3, 4-6, 6-2 confirmando su talento para dominar la pista dura. Siendo apenas un adolescente conquistaba el tercer ATP Masters 1000 de su carrera y mandaba un claro mensaje al vestuario: el tipo de cancha predominante en el circuito estaba al alcance de sus manos.

“Ganar aquí es muy importante. Sé que puedo jugar bien en superficie dura porque tengo buenos resultados este año”, festejó Nadal, que ya había alcanzado la final del Masters 1000 de Miami a principios de temporada. “Siento felicidad porque mi objetivo este año era ganar cualquier torneo en este tipo de pista”.

La versatilidad del español iba en aumento y sus cifras así lo remarcaban. La victoria convirtió a Nadal en el primer jugador menos de 20 años en ganar nueve títulos en una misma temporada desde que lo consiguiera Mats Wilander en 1983. Una realidad que no alteró la concentración del español.

“No pienso en ello, porque no me gusta pensar así. Mi mente siempre está en las próximas semanas”, declaró, alejado de cualquier complacencia. “Estoy feliz por haber ganado tres Masters 1000, un Grand Slam y otros cinco torneos. ¡Es algo increíble par a mí! Pero ahora no puedo pensar en todo eso. Lo haré cuando termine la temporada. Ahora debo completar mis objetivos y mejorar cada día para los siguientes torneos y para los próximos años.

Esa voluntad de mejora la contempló Agassi en primera persona. El gran campeón americano, un jugador privilegiado para el estudio de la táctica, advirtió el potencial de Nadal en su primer duelo directo.

“Tiene un juego complicado. Es fácil comprender por qué ha ganado tantos partidos, porque hace muchas cosas bien”, advirtió Andre. “Tiene una gran movilidad en la pista. Consigue potencia con la posición forzada, así que nunca sabes si tienes el control total del punto. Encontré su servicio más duro de lo que esperaba, porque si no conectas un buen resto inmediatamente él pasa al ataque. Eso son señales de un gran jugador: alguien que puede jugar bien en defensa, pero también no dejar escapar el punto si tienen la opción. Él es uno de esos tipos. Te pone más presión para conectar un buen resto. Creo que esa fue la diferencia. No conseguí neutralizar muchos de sus saques, y eso me sorprendió un poco”, explicó Agassi, desbordado por un adolescente pocos días antes de alcanzar en Nueva York su última final de Grand Slam.

Una virtud menos oculta era el despliegue físico de la juventud. La explosividad de movimientos de Nadal era un sello, pero llevada a un extremo nada habitual. Para Agassi, una referencia en la anticipación, lo vivido en Montreal fue digno de mención. Un partido de ritmo trepidante, donde Nadal llegó a destrozar las suelas de sus zapatillas, desintegradas por unos imponentes apoyos.

“Hay muchas maneras de valorar la velocidad”, explicó el de Las Vegas. “Tienes tipos que son muy rápidos, pero solamente usan esa velocidad en defensa. No te preocupan demasiado porque simplemente tendrás que hacerles correr un poco más. Luego tienes otros tipos que pueden usar esa velocidad en ataque, pero si les haces defender no te harán daño desde una posición forzada. Puedes tomar la iniciativa pronto. Quizá sean veloces, pero no sabrán contraatacar. Nadal tiene la habilidad de correr tan rápido como el más veloz, pero en posición forzada es capaz de hacerte daño. Puede hacer una transición en esos puntos al ataque. Eso te hacer caminar en un terreno muy peligroso. Te hace cometer errores que jamás cometerías ante otros jugadores. Eso da valor a la manera en que juega a este deporte”.

El paso de los años terminaría convirtiendo a Rafa en uno de los jugadores más destacados en la historia del torneo. El español es actualmente el campeón más veterano en la historia del Masters 1000 de Canadá y el segundo más laureado (solo por detrás del hexacampeón Ivan Lendl) con un botín de cinco trofeos.

Fuente: ATP

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